sábado, noviembre 11, 2017

EDITORIAL REVISTA 5 BOMBERO COLOMBIANO

El trimestre que cubrimos con esta quinta edición de la revista se caracterizó por los grandes desastres, huracanes que azotaron las islas y ciudades del mar caribe y los terremotos sucesivos en México.

De estos sucesos podemos tomar como lección que cualquier preparación para enfrentar desastres, por grande que sea nunca será suficiente y que toda la población sin distingo de profesión y oficio debe prepararse para ser socorrista.

Debemos preguntarnos si en un desastre como el ocurrido en México Bomberos Colombia cuenta con el número suficiente de efectivos para atenderlo de manera suficiente y la repuesta será negativa. El esfuerzo de Bomberos Colombia para fortalecerse ha sido grande y eso es innegable pero aún no es suficiente para que podamos asegurar que será suficiente en un evento de gran magnitud.

El principal problema que enfrenta Bomberos Colombia para ser la institución fuerte que el país necesita  es la falta de conciencia de los mandatarios municipales sobre la necesidad de contar con instituciones bomberiles fuertes en sus municipios. La autonomía que la Constitución Política de Colombia le otorgó a los Alcaldes impide que el legislador les imponga la obligación a los mandatarios de contar con cuerpos de bomberos bien equipados, con recursos suficientes y les deja a su buen criterio la prestación de este servicio público esencial, pero precisamente de buen criterio es que adolecen la mayoría de alcaldes de Colombia.

Desde el gobierno nacional se hace un gran esfuerzo para dotar a los cuerpos de bomberos con equipos especializados,  pero este esfuerzo se desvanece ante la apatía de los alcaldes que no garantizan que en caso de recibir un vehículo contraincendio el municipio suministrará los recursos suficientes para el suministro del combustible y cambio de llantas cuando sea necesario.

Y a este desalentador panorama súmele que el legislador dispuso que los Cuerpos de Bomberos Voluntarios sean administrados por un Consejo de Oficiales como máxima autoridad pero en ninguna norma dice explícitamente como se conforma un Consejo de Oficiales ni cuál debe ser el mínimo de integrantes y deja que estos asuntos sean determinados por cada cuerpo de bomberos en sus estatutos y eso genera tensiones y pugnas de poder entre los integrantes. El sistema de ascensos se convirtió en un saludo a la bandera porque en Colombia muy pocos cumplen el reglamento establecido y la misma Dirección Nacional de Bomberos de Colombia terminó avalando ascensos de personas que nunca cumplieron con los requisitos para ascender.

En bomberos asciende a oficial no el que puede y cumple con los requisitos, sino quien logra obtener la aprobación de su Consejo de Oficiales en una especie de sistema  de cooptación que solo busca mantener una determinada mayoría que garantice el poder de determinadas personas, que bien  pueden buscar el mejoramiento de la institución o el lucro personal.


Si bien los bomberos Colombianos han mejorado ostensiblemente con la ley 1575 de 2012, lo que falta por hacer es mucho y no precisamente por falta de presupuesto, es por falta de decisiones administrativas que no generan la aprobación incondicional de los dirigidos pero terminarán dando la grandeza institucional que el país requiere de esta institución de socorro.